Ravier a la Norte de la Torre de Marboré

œA mitad de la travesía pido un chubasquero para preservarme algo del chaparrón (cascada de agua) y no me quito los pantalones porque la difícil postura sobre un estribo lo hace imposible. Debe ser ridículo un individuo colgado de una doble cuerda con gabardina, pero sin ninguna preocupación por la estética sigo hasta la plataforma.

El chubasquero sirve de bien poco, el agua entra por el cuello y mangas y la que se escurre por la cuerda que estoy asegurado, pronto me deja empapado como si no llevase nada.

Este relato , forma parte del escrito de Rafael Montaner sobre la primera escalada española y cuarta absoluta, a la cara Norte de la Torre de Marboré,  fué publicado en un boletín de Montañeros de Aragón a finales de 1958 y forma parte de la narración sobre esa escalada llevada a cabo por Alberto Rabadá, Pepe Díaz, José Antonio Bescós, Julian Vicente y Rafael Montaner, los días 15 y 16 de Agosto de 1958.

Escrito de la 1ª española en el Anuario Montañeros Aragón

Escrito de la 1ª española en el Anuario Montañeros Aragón

Hace unos 12 años, Montañeros de Aragón tuvieron el acierto de volver a publicarlo en su anuario, acompañado de la reseña de la vía. Por esa época algún amigo que ahora no recuerdo, me pasó fotocopiado ese pasaje del relato incluyendo la reseña. Desde entonces, en tres ocasiones me acerqué hasta la pared para intentar su escalada. La primera fue un mes de Septiembre frío y con las primeras nieves de la temporada cubriendo prematuramente las montañas. La pared presentaba incluso alguna frágil cascada helada por donde pasa la vía.

En la segunda, la pared estaba empapada y en ese momento no nos apeteció el obligado remojón que hubiera supuesto su escalada. Ya que estábamos a pie de pared, mi compañero (Xavi Cullell) se empeñó en encaramarse por lo que suponíamos era el primer largo de la vía œSoupçon, pero sin garantías de que fuera realmente la vía y además por terreno a lo œderribos Arias, así que lo dejamos para mejor ocasión.

La Norte de la Torre de Marboré mojada

La Norte de la Torre de Marboré mojada

En la tercera ocasión nos dejamos llevar por los comentarios del guarda del Refugio de Serradets, indicando que estaba también muy mojada y ni siquiera nos acercamos a la base de la pared para comprobarlo, por lo que acabamos escalando varias vías en las magníficas, soleadas y secas placas del Pico de Serradets.

œArriba Bescós y Edil (Rabadá) se han pasado el día esperándonos y secando su ropa al sol; cuando llegaron por la tarde (al Bouclier) sin ropa de repuesto, como nosotros tuvieron que vivaquear desnudos dentro de los sacos, pero durante toda la mañana se han desquitado tomando el sol como dos lagartos. Cuando llego (al Bouclier) ya no hay sol; un nublado parecido al del día anterior lo ha ocultado. Me desnudo metiéndome en el saco y entretanto aparece Nanín con pinta de naufragio, que hace lo mismo que yo.

Supongo que estos comentarios pesaron bastante durante mis tres intentos anteriores a la pared, pero este verano la motivación, las ganas y unos compañeros sin demasiadas manías y dispuestos a escalar esta pared aunque cayera toda el agua del mundo por la vía, me hacían presagiar que, como dicen en el futbol, ¡¡este año sí!!.

De todas formas, condicionado por mis intentos anteriores, cuando al llegar a Gavarnie a primeros del pasado mes de Agosto, vi la pared chorreando agua, una sombra de duda me pasó un momento por la cabeza. Pero solo duró un momento. Lo tenía muy claro. Ropa de recambio en bolsas de plástico y œpalante sin dudarlo.

Mis compañeros aún lo tenían más claro que yo. Unos, curtidos por los casi dos meses de Travesía de los Pirineos escalando (mirad la noticia en Desnivel). Otro (francés) por estar habituado a las grandes paredes alpinas, especialmente en el salvaje macizo de los Ecrins. Y el que falta¦ porque es un buen escalador y al final todo se contagia, así que¦ ¡¡este año sí!!.

Vivac antes de escalar la Torre de Marboré (foto Lluc Valldosera)

Vivac antes de escalar la Torre de Marboré (foto Lluc Valldosera)

Al final, incluso tuvimos la suerte de los œhechaos palante ya que los dos días anteriores a nuestra escalada hizo bueno y, sobre todo, sopló viento en altura que es el mejor secador para esta pared, lo cual nos la dejó en las mejores condiciones en que seguramente sea posible escalarla.

Reseña Ravier Norte Marboré

Reseña Ravier Norte Marboré

Sobre la escalada, me pareció una preciosa vía en una pared alpina y en el rincón más bonito de los Pirineos (al menos para mí) y con mejor roca de lo que me había imaginado.

Torre de Marbore, primeros largos (foto Benoit Merlin)

Torre de Marbore, primeros largos (foto Benoit Merlin)

En el famoso flanqueo del L4(foto Jordi Vilà)

En el famoso flanqueo del L4(foto Jordi Vilà )

Mientras la escalaba, recordaba los pasajes del relato de Montaner y su œhúmeda escalada. Me imaginaba a Ravier cargado con los gruesos tacos de madera que aún hay esparcidos en algunos tramos de la vía, como testimonio de su increíble empuje y capacidad como escalador. También comentaba con los compañeros la reciente y excepcional escalada invernal, solitaria y encadenando los tres muros del Tato (Josep Mª Esquirol) de esta misma vía.

R4 y vivac en las primeras escaladas (foto Benoit Merlin)

R4 y vivac en las primeras escaladas (foto Benoit Merlin)

Isaac en la atletica fisura del L5 (foto Jordi Vilá)

Isaac en la atletica fisura del L5 (foto Jordi Vilá)

Finalmente, no podíamos acabar la escalada sin su correspondiente remojón. En la vía pasamos por algunos tramos húmedos, sobre todo en la primera mitad. También algún tramo empapado, como el flanqueo que lleva al inicio de la chimenea de la parte final. Pero el remojón de verdad, nos lo llevamos en el penúltimo largo. Ese resulta inevitable. Un diedro por el que baja una auténtica cascada de agua procedente del deshielo del permanente nevero situado en la gran terraza anterior a la cima.

Albert en la placa mojada antes de la chimenea (foto Jordi Vilà)

Albert en la placa mojada antes de la chimenea (foto Jordi Vilà )

Ahí nos tuvimos que calzar nuestras modernas chaquetas de Gore-Tex y los cubre-mochilas, además de llevar unos pantalones y camiseta de recambio, bien protegidos en bolsas de plástico dentro de nuestras mochilas. La parte superior del cuerpo a la mayoría no se nos llegó a mojar, pero la parte inferior quedó como si hubiésemos cruzado un rio con el agua por la cintura.

Albert en el diedro de la cascada (foto Benoit Merlin)

Albert en el diedro de la cascada (foto Benoit Merlin)

Afortunadamente, nuestros modernos materiales a diferencia de la pana de los años 50-60, no hicieron necesario cambiarnos de ropa, ya que tan solo un largo después y sobre todo al llegar a la repisa del final de la vía, ya estaban secos. Bueno, eso la ropa, porque los pies de gato estuvieron mojados durante todo el día siguiente.

Contentos al final de la escalada (foto Benoit Merlin)

Contentos al final de la escalada (foto Benoit Merlin)

œAl fin nos llega el turno (de escalar). Me tengo que poner los pantalones. Permanezco todo lo que puedo con las piernas rígidas para no estar en contacto con la pana mojada, pero cuando me agarro a la pared ya no puedo evitar la desagradable impresión. Espero en una cornisa muy plana y sigue Edil otro largo también entre agua, pero que se puede atravesar rápidamente. Contemplo alborozado los espasmos de Nanín al ponerse los pantalones.

Sirva esto como pequeño y modesto homenaje a los que con más coraje que medios, nos precedieron en esta maravillosa pasión que es el alpinismo y en especial a los pirineistas de la posguerra.

Rafa Vadillo (septiembre de 2010)